
En los momentos en que sucede algo imprevisto, algo que duele, alguien que se vá o un amor que no continúa, en esos momentos en los que nos miramos en el espejo y vemos los ojos de ese ser vulnerable e inocente que vive en nuestro interior. Ahí, es cuando desnudamos nuestra fragilidad y la tristeza nos invita a llorar.
Es probable que existan resistencias a dejarnos llevar por esa sensación, seguramente escuchemos la voz de alguien diciéndonos “tienes que sentirte bien, sal, haz cosas… todo antes que llorar y sufrir” y demás consejos tan bienintencionados pero tan poco oportunos.
Mírate a los ojos y dí ME PERMITO SENTIR!!!, si en este momento estoy triste, me doy permiso para sentirme así, respeto mi proceso, me amo y por eso expreso mis emociones, que no son ni positivas ni negativas, son humanas y son mías y por ello las acepto.
Es algo que nos puede costar mucho comprender pero todo lo que sucede es por una razón lógica en el correcto orden de nuestra vida.